lunes, 26 de diciembre de 2011

I AMsterdam

              Ámsterdam era famosa por ser la ciudad de los canales y las bicicletas hasta 1976. Desde entonces, pasó a ser la ciudad de la prostitución y de los coffeeshops. También la ciudad de las tres cruces, que supuestamente representan el lugar donde fue crucificado San Andrés, patrón de la ciudad, condenado a morir en una cruz en forma de X. Para otros significan las tres grandes penurias que han asolado la ciudad a lo largo de la historia: inundaciones, incendios y peste negra. Sin embargo, actualmente sería más fácil encontrar el significado de las equis en estas premisas: libertad, sexo y droga.

 
Libertad, porque en esta ciudad puedes hacer lo que quieras dentro de unas reglas que hay que seguir. Esas reglas, por estúpido que parezca, son bastante estrictas: NO olvides caminar siempre por la derecha (por la izquierda molestas mucho, y lo notarás); NO cruces cuando el muñequito no esté verde (aquí no funciona el estilo español de cruzar cuando no vienen coches); si ves algo que no te gusta, NO pases por ahí… y es que así está configurada la libertad, en seguir unas simples reglas y respetar a los demás. Una de las cosas que hacen esta ciudad tan atractiva (que lo es, y no precisamente por ser de las más bonitas, al menos no ahora), es que todo está muy bien ordenado: las putas en la zona de las putas, donde si te molesta ver cómo se ejerce la profesión más antigua de la historia, ya sabes por dónde no debes pasar; los ‘fumetas’ en los coffeeshops, donde pueden fumar sin molestar a los demás; los gays en la zona gays, para que uno pueda dispersarse sin tener ‘homófobos’ al lado; los sabiondos en la zona artística y de museos, donde pueden regalarse viendo obras de Van Gogh y Rembrant; los holandeses en las zonas residenciales, donde todo es tranquilidad, paz y harmonía… La ciudad está estratégica y magníficamente estructurada para que puedas evitar todo aquello que no quieras, de la misma manera que te ofrece en bandeja de plata todo aquello que en tu país está mal visto o es ilegal.
El sexo se apoya en la aceptación de la prostitución y la tolerancia a lo homosexual. Y aquellos y aquellas que se ruborizan al ver alguna tetilla o a un tío con la mano metida en el bolsillo de su pantalón haciendo movimientos extraños, saben qué caminos deben evitar. Aunque también están aceptados los curiosos que encuentran aquí cierto morbo o satisfacen simple intriga, pero si te molesta ese tipo de detalles, sabes que estás en su zona. Y así es la realidad de la prostitución y la homosexualidad; o te quedas, o te vas. Esta zona está minada de lo que yo llamo ‘los malos’. Los malos son aquellos que quitan estabilidad o buen rollo a la zona. Evidentemente, su actividad es ilegal, y se caracterizan por ser más oscuros de piel, por ser más bajos que los holandeses y por recitar en voz baja pero contundente la palabra “coca”. Es muy fácil esquivarlos, con no mantener la mirada en ellos entienden que no estás interesado y todo vuelve a la normalidad en el barrio rojo. Puede haber otro tipo de malos, pero seamos realistas, estamos en el único lugar del mundo donde es legal la prostitución, así que tenemos a toda la maraña de Europa intentado disfrutar de lo que no pueden disfrutar en sus países. Y es que es muy interesante ver cómo Holanda nunca ha castigado la libertad sexual de la misma manera que los otros países lo hacen. Echemos un vistazo al Monumento Nacional en la Plaza Dam, zona neurálgica de la capital, y obra realizada por Jacobus Johannes Pieter Oud. Veamos que visión del sexo tenían ya los holandeses desde los años 50:

                                                     

No se si esto es una impresión solo mía pero creo que se trata la representación de Cristo más ‘gay’ desde que Camilo Sesto interpretara su papel en Jesucristo Superstar. Primero, la estructura de la obra en si, de forma fálica y que intenta llegar alto, muy alto (aunque comparado con otras obras europeas, se queda un poco corta). Jesucristo aparece a pelo, rodeado de hombres desnudos y también encadenados. Según algunos, representa “los soldados caídos en la Segunda Guerra Mundial, simbolizados por una hilera de cuerpos desnudos acogidos por los brazos de Cristo”. Para otros podría significar que ni Cristo ha podido con el vicio de la ciudad del Distrito Rojo y también se ha unido a la fiesta. Teoría que se apoya también en la escultura que encontramos un pelín más arriba del Cristo en la que se ve a una mujer enseñando su ‘pechonalidad’, cosa muy poco justificada con el frío que hace en la zona. Lo que hacen los hombres con los animales a los laterales, mejor no comentarlo.  Y es que no podemos olvidar que esto, en un continente eminentemente católico por historia, choque y mucho. Cada media hora, las campanas de la Oude Kerk (o iglesia vieja, como lo quieras llamar) en pleno Red Light District, retumban con fuerza, como queriendo prevenir a las chicas, que alrededor del edificio exponen sus cuerpos detrás del vidrio, de que está a punto de llegar el reino de los cielos. La alarma de la iglesia se torna más impetuosa cuando comienza a oscurecer, esta vez previniendo a los transeúntes de que los malos están a punto de adueñarse del centro la ciudad, como si de un toque de queda se tratara. Y es que la iglesia intenta hacer su labor a pesar del tiempo en que vivimos. Cuando ves imágenes como estas, chicas prostituyéndose enfrente de una de las casas de Dios, te das cuenta de lo abierta que es la mentalidad holandesa.

                                                              

Y por último, la droga, principal reclamo de la ciudad de Ámsterdam. Porque, para qué nos vamos a engañar, ir de putas o a una inmensa sauna gay se puede ir en otras ciudades del mundo, solo que se te juzgaría un poco más. En Ámsterdam lo guay, a lo que todo el mundo va, es a fumarse unos porrillos, y si cuadra, tomarse unas setas para flipar un poco más… razón por la que se ha convertido en el destino más popular del turismo joven. Y es aquí cuando entra en juego la hipocresía de la doble moral. Se sabe qué es el cannabis y el efecto que puede tener. Se sabe también que su consumo excesivo puede provocar efectos digamos negativos. Se sabe que solo pueden acceder a tal droga los mayores de edad. Y se sabe que su consumo está limitado por ley a realizarse en casa o dentro de los coffeeshops, lugares que poseen licencia para vender y acoger al fumador de hierba. También se sabe que su efecto no debe ser dañino si se toma con mucha moderación. Y también se sabe que grandes genios de la historia consumían cannabis para inspirarse ¿Qué ha ocurrido? Que el turista, ansioso por tener en una semana lo que no ha podido tener toda su vida, desfasa. Si el café, por poner un burdo ejemplo, estuviera igual de prohibido en casi todos los países, como lo es la marihuana, y en los Países Bajos se permitiera comprar y consumir café, seguro que nos encontrábamos por las calles de Ámsterdam a todo el mundo hiperactivo.
Para finalizar, me gustaría comentar que pocas veces encontrarás a un holandés armando jaleo tras una noche de fumada, o faltándole el respeto a una prostituta en la calle, o caminando por la derecha, o cruzando cuando el muñequito está en rojo, o simplemente, faltándole el respeto a alguien. Pues si señores, la sociedad holandesa está configurada para los holandeses, que saben cómo vivir su libertad respetando siempre la libertad del que tiene al lado. Por eso tienen lo que todo el mundo envidia y desea. Esperemos que los malos no terminen haciéndose con la ciudad, ya que corre el peligro de que todo esto pueda desaparecer. Y para el resto, siempre quedará la Ámsterdam de los canales y las bicicletas…

                                                   

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